domingo, 19 de diciembre de 2010

Maratón de San Sebastián




Después de 12 semanas de duros entrenos y muchos kilómetros realizados en la pista del Adarraga y los parques del Iregua y del Ebro, y por supuesto, los preceptivos entrenos en secreto, acudimos a San Sebastián Fernando Godoy (triatleta arrejuntao, del Club Natación Iregua), Jorge López, Pedro García y Carlos M. (del Renedo Metal). Había llegado el día y tocaba darlo todo para intentar conseguir los objetivos que nos habíamos marcado.



Hinchados de macarrones y patatas y después de un desayuno en condiciones, nos juntamos en el estadio de Anoeta para hacer los últimos preparativos y hablar de lo mal que habíamos dormido, las ganas de ir al baño… los nervios se podían cortar. El día salió bastante fresco (unos 3 grados a la hora de la salida) y amenazaba con algo de lluvia, pero las condiciones no eran malas para afrontar el reto de correr algo más de 3 horas.




Pedro, Jorge y Fernando habían decidido correr juntos, situándose en la salida cerca de la liebre de 3h30. Yo me situé algo más adelantado, entre las liebres de 3h15 y 3h, que hay que rapiñar todos los segunditos que sea posible. Con el “Highway to hell” de ACDC sonando a todo trapo y tras una cuenta atrás multitudinaria, se dio el disparo de salida a la hora prevista. Como siempre pasa en estas pruebas, el buen ambiente y la gente animando hacen que el ritmo se acelere, teniendo que ir los primeros kilómetros con el freno “echado”, y controlando los tiempos de paso y las pulsaciones muy bien para no pasarse de vueltas.




El circuito diseñado para esa edición era prácticamente llano y las idas y venidas por algunas de las calles del centro permitían vernos las caras y darnos mutuamente ánimos al cruzarnos. Hasta el km28 todos fuimos bastante bien, según lo previsto, pero a partir de ahí, que es cuando se acaban los macarrones almacenados, empiezan las miserias. Yo había comido bastante durante toda la prueba, cada 5km tomaba geles o galletas de chocolate (las Príncipe son las que más chicha me aportan) y a pesar de notar bastante pesadez en todo el cuerpo y de que las pulsaciones empezaban a cantar que algo estaba fallando, pude mantenerme bastante concentrado e intentar luchar por mi ritmo sin notar el típico muro (que ya había notado las otras dos veces que había corrido en maratón). A falta de unos 5km me alcanzó Jordi del Inferno de Alfaro y nos dimos muchos ánimos. Íbamos más o menos a por el mismo tiempo. En esa zona me cruce primero con Fernando, que iba como un tiro y luego con Jorge, bastante cerca ambos de las liebres de 3h30. Ya “sólo” restaba disfrutar de los últimos metros, apretando los dientes y olvidándose de los dolores, y así la recta de meta de Anoeta sería nuestra. Cuando sólo quedaban 2 km me adelantó la liebre de 3h15, a la que intenté pegarme pero fui incapaz. Finalmente entré en el estadio y disfruté de los 250m que se hacen sobre el tartán de la pista, viendo que el reloj todavía no marcaba el 3h16. Al llegar y para mantener mi tradición, me eché a llorar como si fuera un bebé, supongo que por la emoción de haber conseguido un reto tan trabajado. No me dio ninguna vergüenza. Algunos atletas que llegaron conmigo y a los que no conocía de nada me abrazaron, felicitándonos mutuamente de manera espontánea… yo creo que eso sólo pasa en pruebas de este tipo. Mi familia estaba esperándome y la marabunta me llevó hasta fuera del estadio sin que pudiera darme cuenta.




Fernando llegó fortísimo, haciendo un último diez mil espectacular. A continuación llegó Jorge, que con menos entrenamiento que el resto consiguió una marca estupenda. Y por último llegó Pedro, muy dolorido pero contento de haber superado el reto.




En nuestros caretos del antes y después se puede intuir el esfuerzo. Una más para el bolsillo, a ver si podemos repetirlo pronto.




Fdo: Carlos Mtnez. Asensi

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